Los ensayos
Los ensayos LAS RECOMPENSAS HONORÍFICAS
a | Quienes escriben la vida de Augusto César señalan, sobre su disciplina militar, que, en cuanto a dones, era extraordinariamente generoso con quienes lo merecían, pero que, en cuanto a las simples recompensas honoríficas, no era menos parco.[1] Sin embargo, él mismo había sido gratificado por su tío con todas las recompensas militares antes de haber asistido nunca a guerra alguna.[2] Fue una buena invención, y aceptada en la mayor parte de Estados del mundo, establecer ciertos signos vanos y carentes de valor para honrar y recompensar la virtud, por ejemplo las coronas de laurel, de roble, de mirto, la forma de determinado vestido, el privilegio de ir en carruaje por la ciudad o de noche con antorcha, algún asiento particular en las asambleas públicas, la prerrogativa de algunos nombres y títulos, ciertos signos en los escudos de armas, y cosas semejantes, cuyo uso ha sido diversamente aceptado según la opinión de las naciones y perdura todavía.