Los ensayos
Los ensayos Asà pues, dado que tales pagas honorÃficas no tienen otro valor ni estimación que el hecho de que poca gente las posee, para aniquilarlas basta con otorgarlas generosamente. Aunque hubiese más hombres que en el pasado merecedores de nuestra orden, no por eso habÃa que corromper su valoración. Y puede fácilmente suceder que la merezcan más, pues no hay otra virtud que se extienda tan fácilmente como la valentÃa militar.[6] Existe otra, verdadera, perfecta y filosófica, de la cual no hablo —y me sirvo del término según nuestro uso—, mucho más grande que ésta, y más rica, que es una fuerza y confianza del alma que desprecia por igual toda suerte de contratiempos, serena, uniforme y constante, de la cual la nuestra no es más que un pequeñÃsimo rayo. La práctica, la formación, el ejemplo y la costumbre pueden cuanto se les antoja en el establecimiento de aquélla de la que hablo, y la vuelven fácilmente vulgar, como es facilÃsimo de ver por la experiencia que nos brindan nuestras guerras civiles. b | Y si alguien pudiese unirnos en este momento y lanzar a una empresa común a todo nuestro pueblo, harÃamos reverdecer nuestro antiguo nombre militar.[7]