Los ensayos
Los ensayos Este asunto podrÃa admitir alguna reflexión sobre el examen de la valentÃa y sobre la diferencia entre esta virtud y las demás; pero ya que Plutarco ha vuelto a menudo sobre el tema,[10] serÃa inútil referir aquà lo que dice. Es digno de consideración que nuestra nación conceda a la valentÃa el primer grado entre las virtudes, como muestra su nombre, que viene de valor; y que, según nuestro uso, cuando decimos «un hombre que vale mucho» o «un hombre de bien», en el estilo de la corte y de la nobleza, no se quiera decir otra cosa que hombre valiente, de manera semejante a la romana. En efecto, la denominación general de virtud toma en ellos la etimologÃa de la fuerza.[11] La forma propia y única y esencial de la nobleza en Francia es la profesión militar.[12] Es verosÃmil que la primera virtud que surgió entre los hombres y que dio ventaja a unos sobre otros fuera ésta, por la cual los más fuertes y valerosos devinieron dueños de los más débiles, y cobraron un rango y una reputación particulares, de donde le quedó este honor y dignidad de lenguaje;[13] o bien que estas naciones, al ser muy belicosas, otorgasen el valor y el nombre más digno a la virtud que les resultaba más familiar. Igualmente, nuestra pasión, y la febril solicitud que tenemos por la castidad de las mujeres, comporta también que «buena mujer», «mujer de bien» y «mujer de honor y de virtud» no quieran en realidad decir otra cosa para nosotros que mujer casta; como si, para contenerlas en este deber, nos despreocupásemos de todos los demás, y les soltásemos la brida en toda otra falta para lograr el compromiso de hacerles renunciar a ésta.[14]