Los ensayos
Los ensayos Volviendo a mi asunto, a | me parece en cualquier caso que nacen raramente mujeres a las cuales corresponda el dominio sobre hombres,[42] salvo el maternal y natural, si no es como castigo para quienes, a causa de algún humor febril, se han sometido voluntariamente a ellas —pero esto no afecta a las viejas, de las que hablamos aqu×. La plausibilidad de esta consideración nos ha hecho forjar y fundar de muy buen grado la ley, nunca vista por nadie, que priva a las mujeres de la sucesión de la corona;[43] y apenas hay gobierno en el mundo donde no se alegue, como aquÃ, por la verosimilitud que la justifica; pero la fortuna le ha dado más crédito en ciertos lugares que en otros. Es peligroso abandonar a su juicio el reparto de nuestra herencia, según la elección que hagan de los hijos, que es siempre inicua y fantasiosa. Porque ese deseo desordenado y gusto enfermizo que tienen cuando están encintas, lo tienen en el alma siempre. Por lo común, las vemos entregarse a los más débiles y desastrados, o a aquellos, si los hay, que les cuelgan todavÃa del cuello. Pues, al carecer de suficiente capacidad de razón para elegir y abrazar aquello que lo merece, prefieren entregarse allà donde las impresiones naturales están más solas; como los animales, que no conocen a sus cachorros sino el tiempo que los tienen pegados a su teta.