Los ensayos
Los ensayos b | Veo a algunos que estudian y glosan los almanaques, y que nos alegan su autoridad para las cosas que ocurren. Dado que dicen tantas cosas, es preciso que digan la verdad y la mentira: c | Quis est enim qui totum diem iaculans non aliquando conlineet?[15] [¿Quién, pues, si arroja todo el día la lanza no acertará de vez en cuando en el blanco?]. b | No los considero en absoluto mejores porque vea que alguna vez dan en el clavo. Habría mayor certeza en mentir siempre con regla y verdad. c | Además, nadie lleva el registro de sus errores, pues son comunes e infinitos; y sus adivinaciones se realzan porque son raras, increíbles y prodigiosas. A Diágoras, apodado «el Ateo», hallándose en Samotracia, le mostraron en el templo muchos votos y retratos de quienes habían escapado de algún naufragio, y le preguntaron: «Y bien, tú, que piensas que a los dioses les traen sin cuidado las cosas humanas, ¿qué dices de todos estos hombres salvados por su gracia?». «Sucede», respondió, «que los que se han ahogado, que son mucho más numerosos, no están pintados».[16] Dice Cicerón que sólo Jenófanes de Colofón, entre los filósofos que admitieron a los dioses, intentó erradicar toda clase de adivinación.[17] Por eso, resulta menos asombroso que b | hayamos visto[18] a algunas de nuestras almas principescas, a veces en perjuicio suyo, detenerse en tales vanidades.[19]