Los ensayos
Los ensayos Esta misma consideración me lleva más lejos. Veo que los buenos y antiguos poetas evitaron la afectación y el rebuscamiento, no sólo de las fantásticas elevaciones españolas y petrarquistas, sino también de las agudezas más suaves y contenidas que adornan todas las obras poéticas de los siglos siguientes. No hay, sin embargo, buen juez que las eche en falta en estos antiguos, y que no admire incomparablemente más el brillo uniforme y la dulzura perpetua y la belleza floreciente de los epigramas de Catulo que todos los aguijones con que Marcial aguza la cola de los suyos. Es la misma razón que acabo de decir, como Marcial la dice de sà mismo: «minus illi ingenio laborandum fuit, in cuius locum materia successerat»[22] [su ingenio no habÃa de hacer grandes esfuerzos; el asunto le hacÃa su cometido]. Los primeros, sin emoción ni exaltación, se hacen notar suficientemente. Tienen con que reÃr por todas partes, no han de hacerse cosquillas; los otros precisan auxilio exterior. A medida que poseen menos espÃritu, necesitan más cuerpo. b | Montan a caballo porque les falta fuerza en las piernas. a | No de otra manera, en nuestros bailes, los hombres de baja condición que sientan escuela, puesto que no pueden imitar el porte y la dignidad de nuestra nobleza, intentan mostrar su mérito con saltos peligrosos y otros movimientos extraños y propios de titiriteros. b | Y las damas sacan más provecho de su continente en aquellas danzas en las cuales hay variedad de figuras y agitación de cuerpos que en ciertas danzas de parada en las que han de limitarse a andar con paso natural y a representar un porte genuino y su gracia ordinaria. a | Igualmente, he visto que los bufones excelentes nos brindan todo el placer que puede obtenerse de su arte vestidos de manera común y con aire habitual; los aprendices que no saben tanto se ven en la necesidad de enharinarse la cara, de disfrazarse y fingir con movimientos de muecas salvajes para disponernos a la risa. Mi concepción se reconoce mejor que en cualquier otro sitio al comparar la Eneida con el Furioso.[23] A la primera, la vemos avanzar con las alas abiertas, con vuelo alto y firme, sin dejar de ascender; al otro, revolotear y dar saltos de cuento en cuento como de rama en rama, sin confiar en sus alas más que para una brevÃsima travesÃa, y tomar pie a cada paso, no vayan a faltarle el aliento y la fuerza: