Los ensayos

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a | En cuanto a Cicerón, aquellas obras, entre las suyas, que pueden servir a mi propósito son las que tratan de filosofía, especialmente de la moral. Pero, si debo atreverme a confesar la verdad —pues, una vez rebasadas las barreras de la impudicia, ya no hay freno—, su manera de escribir me parece aburrida, lo mismo que cualquier otra manera similar. Porque sus prefacios, definiciones, divisiones y etimologías consumen la mayor parte de su obra; lo que tienen de vivo y de médula, queda ahogado por estos largos preparativos. Si he dedicado una hora a leerlo, que para mí es mucho, y repaso el jugo y la sustancia que he sacado, la mayor parte del tiempo no encuentro sino viento; todavía no ha llegado, en efecto, a los argumentos útiles a su asunto, ni a las razones que atañen propiamente al nudo que me interesa. Para mí, que sólo pido hacerme más sabio, no más docto c | o elocuente, a | estas disposiciones lógicas y aristotélicas no vienen al caso. Quiero que se empiece por el último punto; entiendo de sobra qué es la muerte y el placer; que no se entretengan anatomizándolos; busco desde el inicio razones válidas y firmes que me enseñen a resistir su embate. Ni las sutilezas gramaticales ni el ingenioso tejido de palabras y argumentaciones sirven para eso; quiero discursos que den la primera carga en lo más recio de la cuestión; los suyos se arrastran por las ramas. Son buenos para la escuela, para el tribunal o para el sermón, donde tenemos tiempo de echar una cabezada y, un cuarto de hora después, podemos retomar el hilo. Es necesario hablar así a los jueces que uno quiere ganarse, con razón o sin ella, a los niños y al vulgo, c | a los que hay que decírselo todo y ver si surte efecto. a | No quiero que hagan el esfuerzo de llamarme la atención, ni que me griten cincuenta veces: «¡Ahora escuchad!», al modo de los heraldos. Los romanos decían en su religión: «Hocage» [¡Hazlo!],[29] c | que nosotros decimos en la nuestra: «Sursum corda» [¡Arriba los corazones!].[30] a | Son palabras perdidas para mí. Yo vengo de casa perfectamente preparado. No necesito golosinas ni salsa; la comida, me la como cruda. Y con tales preparativos y juegos preliminares, en vez de despertarme el apetito, me lo fatigan y entumecen. c | ¿Me excusará la licencia de esta época de la sacrílega audacia de considerar también que los diálogos del mismo Platón son cansinos y ahogan en exceso su materia, y de lamentar el tiempo que emplea en largas interlocuciones, vanas y preparatorias, un hombre que tenía tantas cosas mejores que decir? Mi ignorancia me excusará mejor por el hecho de no ver nada de la belleza de su lenguaje.[31] Reclamo en general los libros que usan las ciencias, no los que las forjan. a | Los dos primeros,[32] así como Plinio y sus semejantes, carecen de «Hoc age»; quieren tratar con gente advertida por sí misma; o, si tienen alguno, es un «Hoc age» sustancial y que posee un cuerpo aparte.


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