Los ensayos
Los ensayos Suelo mirar también las epístolas ad Atticum [a Ático] no ya porque contengan una amplísima enseñanza sobre la historia y los asuntos de su época, sino, mucho más, para descubrir sus inclinaciones privadas.[33] Tengo, en efecto, singular curiosidad, como he dicho en otro sitio, por conocer el alma y los auténticos juicios de mis autores.[34] Por la muestra de los escritos que exponen al teatro del mundo, debe enjuiciarse su capacidad, pero no su comportamiento ni su persona. He lamentado mil veces que hayamos perdido el libro que Bruto escribió acerca de la virtud, porque es grato aprender la teoría de quienes se saben bien la práctica.[35] Pero, puesto que prédica y predicador son cosas distintas,[36] me gusta tanto ver a Bruto en Plutarco[37] como en él mismo. Preferiría saber a ciencia cierta qué charlaba en su tienda con alguno de sus amigos íntimos, en la vigilia de una batalla, a saber las palabras que pronunció al día siguiente ante su ejército; y lo que hacía en su gabinete y en su habitación, a lo que hacía en medio de la plaza y en el Senado.