Los ensayos
Los ensayos En cuanto a Cicerón, comparto el juicio común: que, salvo en ciencia, su alma apenas sobresalía. Era un buen ciudadano, de naturaleza bondadosa, como suelen serlo los hombres gruesos y burlones de su tipo; pero había en él, sin mentir, mucha molicie y vanidad ambiciosa. Y además no sé cómo excusarlo por estimar su poesía digna de salir a la luz. Componer malos versos no es una gran imperfección, pero es una imperfección no haber entendido hasta qué punto eran indignos de la gloria de su nombre. En cuanto a su elocuencia, es del todo incomparable; creo que nadie le igualará jamás. El joven Cicerón, que sólo se pareció a su padre en el nombre, coincidió un día en la mesa, siendo comandante en Asia, con muchos forasteros, y entre ellos con Cestio, que estaba sentado en el extremo más vil, al modo de aquellos que a menudo se cuelan en las mesas abiertas de los grandes. Cicerón preguntó quién era a uno de sus criados y éste le dijo su nombre. Pero, como se distraía y olvidaba lo que le respondían, se lo volvió a preguntar de nuevo, después, dos o tres veces. El sirviente para no tenerse que esforzar más en repetirle tantas veces lo mismo, y para hacérselo saber por medio de alguna circunstancia, le dijo: «Es el Cestio de quien os contaron que no aprecia mucho la elocuencia de vuestro padre en comparación con la suya». Cicerón, de repente ofendido, ordenó que apresaran al pobre Cestio y le hizo dar unos buenos azotes en su presencia —a decir verdad, un huésped descortés—.[38] Aun entre aquellos que han considerado, a fin de cuentas, su elocuencia incomparable, algunos no han dejado de señalar ciertas faltas. Así, el gran Bruto, amigo suyo, decía que era una elocuencia rota y derrengada —fractam et elumbem—.[39] Los oradores cercanos a su época le recriminaban también el minucioso cuidado de cierta larga cadencia al final de sus períodos, y señalaban las palabras «esse uideatur» [parece ser], que emplea tan a menudo.[40] Yo, por mi parte, prefiero una cadencia con una caída más breve, cortada en yambos. Sin embargo, en ocasiones mezcla sus ritmos de una manera muy ruda, pero rara vez. He reparado en este pasaje en mis oídos: «Ego uero me minus diu senem esse mallem, quam esse senem, antequam essem»[41] [Pero yo prefiero ser viejo menos tiempo que hacerme viejo antes de serlo].