Los ensayos
Los ensayos Las más de las veces se elige para esta misión, y particularmente en estos siglos, a hombres vulgares, por la simple consideración de que saben hablar bien. ¡Como si pretendiésemos aprender gramática! Y tienen razón, ya que se les ha asalariado sólo por eso y no han puesto en venta otra cosa que parloteo,[51] al no preocuparse tampoco en primer lugar sino de ese aspecto. Así, con gran cantidad de hermosas palabras, se dedican a componer un bello tejido de los rumores que recogen en las encrucijadas de las ciudades. Sólo son buenas las historias escritas por los mismos que mandaban en los asuntos o participaban en su dirección, c | o, al menos, tuvieron la fortuna de dirigir otros de la misma especie. a | Así son casi todas las griegas y romanas. En efecto, como numerosos testigos oculares han escrito sobre el mismo asunto —así sucedía en esos tiempos en que la grandeza y el saber solían coincidir—, si hay algún error, ha de ser extraordinariamente leve, y sobre un hecho muy dudoso.[52] ¿Qué cabe esperar de un médico que se ocupe de la guerra o de un estudiante que trate de los planes de los príncipes? Si queremos ver el escrúpulo que los romanos ponían en este asunto, baste con un ejemplo. Asinio Polión encontraba hasta en las historias de César algún error, en el cual había incurrido por no poder echar un vistazo por todos los rincones de su ejército y por creer a particulares que le referían con frecuencia cosas no del todo verificadas; o bien porque sus lugartenientes no le advirtieron con suficiente diligencia de los asuntos que habían llevado a cabo en su ausencia.[53] Puede verse con este ejemplo que la indagación de la verdad es exigente al punto que uno no puede fiarse, acerca de un combate, del conocimiento de quien lo ha dirigido, ni de los soldados respecto a lo que ha pasado cerca de ellos, salvo que, como en una información judicial, se confronten los testigos y se admitan las objeciones sobre la prueba de los pormenores de cada hecho. Lo cierto es que el conocimiento que tenemos de nuestros asuntos es mucho más flojo. Pero esto ha sido suficientemente tratado por Bodin, y de acuerdo con mi concepción.[54]