Los ensayos
Los ensayos a | Vemos en las almas de estos dos personajes y de sus incitadores —porque semejantes dudo mucho que haya habido— un hábito tan perfecto en la virtud que ésta se ha convertido en su temperamento. No se trata ya de una virtud penosa, ni de los preceptos de la razón, para cuyo mantenimiento sea necesario endurecer el alma. Es la esencia misma de su alma; es su curso natural y ordinario. La han vuelto asà merced a una larga práctica de los preceptos de la filosofÃa, que se ha unido a una naturaleza bella y rica. Las pasiones viciosas que nacen en nosotros no encuentran ya manera de introducirse en ellos. La fuerza y dureza de su alma sofoca y extingue las concupiscencias en cuanto empiezan a tomar impulso.