Los ensayos
Los ensayos Entre otros, Pierre Bunel, hombre de gran reputación de saber en su tiempo,[5] que, tras detenerse unos cuantos dÃas en Montaigne, en compañÃa de mi padre, con otros hombres de su condición, le regaló, al partir, un libro que se titula Theologia naturalis siue liber creaturarum magistri Raymondi de Sebonde.[6] Y, dado que la lengua italiana y la española eran familiares a mi padre, y que este libro está compuesto en un español chapurreado con terminaciones latinas, esperaba que con muy poca ayuda podrÃa sacar provecho de él, y se lo recomendó como un libro muy útil y apropiado para el tiempo en que se lo dio. Era el momento en que las novedades de Lutero empezaban a adquirir crédito, y a socavar en muchos sitios nuestra antigua creencia. En esto su opinión era muy certera. PreveÃa bien, por la vÃa del razonamiento que este inicio de enfermedad degenerarÃa fácilmente en un execrable ateÃsmo.[7] Porque el vulgo,[8] al carecer de la facultad de juzgar las cosas por sà mismas,[9] y al dejarse llevar por la fortuna y por las apariencias,[10] una vez que se le ha puesto en las manos la audacia de despreciar y escrutar las opiniones que habÃa tenido en extrema reverencia, como son aquellas en las cuales está en juego su salvación, y una vez que se han sometido algunos artÃculos[11] de su religión a duda y examen enseguida arroja fácilmente en la misma incertidumbre los demás componentes de su creencia, que no tenÃan en él más autoridad y fundamento que aquellos que le han socavado; y sacude como un yugo tiránico todas las impresiones que habÃa recibido por la autoridad de las leyes o la reverencia del uso antiguo,