Los ensayos
Los ensayos b | No puedo evitar estremecerme si el estruendo de un arcabuzazo me estalla de improviso en los oídos, en un sitio donde no debía esperarlo. He visto que les sucede lo mismo a otros que valen más que yo. c | Tampoco los estoicos pretenden que el alma de su sabio pueda resistir a las primeras visiones y fantasías que le sobrevienen. Por el contrario, como si se tratara de una sujeción natural, le permiten ceder ante el estruendo del cielo o de un derrumbamiento, por ejemplo, hasta la palidez y la contracción. Lo mismo en las demás pasiones, con tal de que su opinión permanezca libre e intacta, y de que la sede de su razón no se vea alcanzada ni alterada en modo alguno, y con tal de que no consienta en su terror y sufrimiento. En cuanto al que no es sabio, sostienen lo mismo con respecto a la primera parte, pero cosa muy distinta con respecto a la segunda. Porque la impresión de las pasiones no es en él superficial, sino que penetra hasta la sede de la razón, infectándola y corrompiéndola. Juzga según ellas y se acomoda a ellas. Ved, muy elocuente y plenamente, el estado del sabio estoico:
Mens immota manet, lacrimae uoluuntur inanes.[6]
[Su espíritu permanece inmutable, en vano se le deslizan las lágrimas].
El sabio peripatético no se exime de las perturbaciones, sino que las modera.[7]