Los ensayos
Los ensayos Cuando iniciaron al filósofo Antístenes en los misterios de Orfeo, el sacerdote le explicó que quienes se consagraban a esta orden iban a recibir tras la muerte bienes eternos y perfectos. «¿Por qué, si lo crees, no mueres entonces tú mismo?», dijo él.[29] Más bruscamente, con arreglo a su estilo, y más lejos de nuestro asunto, Diógenes le dijo a un sacerdote que también le predicaba que ingresara en su orden, para alcanzar los bienes del otro mundo: «¿Acaso pretendes que crea que Agesilao y Epaminondas, hombres tan excelentes, serán desdichados, y que tú, que no eres más que un tonto y nada haces de valor, serás bienaventurado porque eres sacerdote?».[30]
a | Si aceptáramos esas grandes promesas de la beatitud eterna con la misma autoridad que un razonamiento filosófico, la muerte no nos produciría el horror que nos produce:
b | Non iam se moriens dissolui conquereretur;
sed magis ire foras, uestemque relinquere, ut anguis,
gauderet, praelonga senex aut cornua ceruus.[31]
[Al morir ya no se lamentaría de ser desligada, sino más bien se alegraría de partir, y de abandonar su despojo como una serpiente, o de dejar sus cuernos demasiado largos, como lo hace el ciervo envejecido].