Los ensayos
Los ensayos a | Pero, pobrecillo, ¿qué tiene en sí mismo que sea digno de tal superioridad? Al considerar la vida incorruptible de los cuerpos celestes, su belleza, su magnitud, su continuo movimiento ajustado a una regla tan precisa:
Cum suspicimus magni caelestia mundi
templa super stellisque micantibus aethera fixum,
et uenit in mentem lunae solisque uiarum;[70]
[Cuando alzamos la mirada hacia las bóvedas celestes de este mundo inmenso por encima nuestro, y hacia el éter salpicado de brillantes estrellas, y nos fijamos en los cursos de la luna y del sol];
al considerar el dominio y el poder que esos cuerpos ejercen no ya sobre nuestras vidas ni sobre las circunstancias de nuestra fortuna:
Facta etenim et uitas hominum suspendit ab astris,[71]
[Suspendió el destino y la vida de los hombres de los astros],
sino también sobre nuestras tendencias, nuestros razonamientos, nuestras intenciones, que rigen, empujan y mueven a la merced de sus influencias, según nos enseña y descubre nuestra razón:
speculataque longe
deprendit tacitis dominantia legibus astra,
et totum alterna mundum ratione moueri,