Los ensayos
Los ensayos Sin embargo, los animales no son incapaces de recibir instrucción también a nuestra manera. Enseñamos a hablar a mirlos, cuervos, urracas, loros; y la facilidad que les reconocemos para ofrecernos una voz y un aliento tan flexibles y maleables, para que los formemos y reduzcamos a un determinado número de letras y de sílabas, prueba que poseen un discurso interno, que los vuelve susceptibles de enseñanza y deseosos de aprender.[145] Todo el mundo está cansado, creo yo, de ver todas las suertes de imitaciones que los titiriteros enseñan a sus perros: las danzas en las cuales no fallan ni una sola cadencia del sonido que oyen, muchos movimientos y saltos distintos que les hacen ejecutar cuando lo ordena su palabra. Pero observo con más asombro una acción que, sin embargo, es bastante común en los perros que utilizan los ciegos en el campo y en la ciudad. Me he fijado en cómo se detienen en ciertas puertas donde suelen recibir limosna, en cómo evitan el choque de los carruajes y de las carretas, incluso cuando por su parte tienen suficiente sitio para cruzar; he visto alguno que, a lo largo del foso de una ciudad, ha dejado un sendero plano y liso y ha seguido otro peor para alejar a su amo del foso. ¿Cómo podría haberse dado a entender a este perro que su misión era velar solamente por la seguridad de su amo, y desdeñar sus propias ventajas para servirlo a él? ¿y cómo podía saber que ese camino, ancho de sobra para él no lo sería para un ciego? ¿Puede comprenderse todo esto sin razón?