Los ensayos
Los ensayos Además, supone más razón instruir a otro que ser instruido.[148] Pues bien, dejando aparte lo que pensaba y probaba Demócrito, a saber, que los animales nos han enseñado la mayorÃa de las artes —como la araña a tejer y a coser, la golondrina a construir, el cisne y el ruiseñor la música, y muchos animales, por su imitación, a medicar—,[149] Aristóteles sostiene que los ruiseñores enseñan a sus polluelos a cantar y dedican a esto tiempo y esfuerzo, lo cual explica que si los criamos en jaulas, al no tener ocasión de acudir a la escuela de sus padres, pierden mucha de la gracia de su canto.[150] b | De ello podemos inferir que mejora con la enseñanza y el estudio. Y aun entre los libres, no hay uno único e idéntico. Cada uno lo tiene según su capacidad; y, por la rivalidad de su aprendizaje, contienden entre ellos con disputas tan animosas que a veces el vencido pierde la vida, porque le falta antes el aliento que la voz. Los más jóvenes rumian, pensativos, y tratan de imitar ciertas estrofas de canción; el discÃpulo escucha la lección de su preceptor y le rinde cuentas con suma diligencia; se callan, ahora uno, luego otro; se oye corregir las faltas, y se perciben algunas censuras del preceptor. Vi en cierta ocasión —dice Arriano— un elefante que llevaba un cÃmbalo colgado de cada muslo y otro adherido a la trompa, a cuyo son danzaban todos los demás en cÃrculo, alzándose e inclinándose según determinadas cadencias, con arreglo a la guÃa del instrumento; y era grato oÃr tal armonÃa.[151] a | En los espectáculos de Roma, solÃan verse elefantes adiestrados para moverse y bailar, al son de la voz, danzas con muchos entrelazamientos, cortes y cadencias diferentes muy difÃciles de aprender. Se ha visto a algunos que rememoraban en privado su lección, y se aplicaban con ahÃnco y denuedo para que sus amos no los regañaran y golpearan.[152]