Los ensayos
Los ensayos Pero el juicio sobre el valor y la debilidad de un lugar se funda en la estimación y la comparación de las fuerzas que lo asaltan —pues obstinarse contra dos culebrinas serÃa justo, mientras que empecinarse en esperar treinta cañones serÃa cometer una locura—, en lo cual se tiene también en cuenta la grandeza del prÃncipe conquistador, su reputación y el respeto que se le debe. Existe, por lo tanto, el peligro de forzar un poco la balanza por ese lado. Y sucede, por esto mismo, que algunos tienen tan alta opinión de sà mismos, y de sus medios, que no les parece razonable que haya nada digno de hacerles frente, de suerte que pasan a cuchillo a cualquiera que les opone resistencia mientras dura su fortuna. Asà lo vemos en las formas de conminación y desafÃo que los prÃncipes de Oriente[5] y sus sucesores, que aún hoy existen, practican —feroces, altivas y llenas de bárbara imposición—. c | Y en aquella región por donde los portugueses descantillaron las Indias, encontraron Estados con la ley universal e inviolable de que a todo enemigo derrotado por el rey en persona, o por su lugarteniente, se le excluye de todo acuerdo de rescate y de piedad.[6] b | Por tanto, sobre todo hay que evitar, si se puede, caer en manos de un juez enemigo, victorioso y armado.