Los ensayos
Los ensayos Ahora bien, producen de igual manera otras acciones que superan ampliamente nuestra capacidad, las cuales estamos tan lejos de poder imitar que ni siquiera podemos concebirlas mediante la imaginación. Muchos sostienen que, en esa magna y definitiva batalla naval que Antonio perdió contra Augusto, su galera capitana fue detenida en mitad de su curso por un pececillo que los latinos llaman remora [rémora], a causa de su propiedad de frenar toda suerte de naves a las que se adhiere. Y en cierta ocasión en que el emperador Calígula navegaba con una gran flota por la costa de la Romaña, sólo su galera fue detenida en seco por ese mismo pez, al que hizo apresar, adherido como estaba a la parte inferior de su barco. Se enojó sobremanera por que un animal tan pequeño pudiera forzar el mar, los vientos y la violencia de todos sus remos simplemente pegando el pico a su galera —pues se trata de un pez con concha—; y se asombró, además, no sin mucha razón, de que cuando se lo subieron al barco, careciera ya de la fuerza que tenía fuera.[172] Un ciudadano de Cícico adquirió en otros tiempos reputación de buen matemático por haber aprendido una propiedad del erizo. Éste mantiene su guarida abierta por distintos sitios y a distintos vientos, y, previniendo el viento que va a soplar acude a taponar el agujero por ese lado. Observándolo el ciudadano, brindó a su ciudad predicciones seguras sobre el viento que iba a soplar.[173] El camaleón adopta el color del lugar donde se sitúa; pero el pulpo se da a sí mismo el color que se le antoja, según las ocasiones, para esconderse de aquello que teme y atrapar aquello que busca. En el caso del camaleón, es un cambio pasivo; pero en el del pulpo, es un cambio activo.[174] Nosotros experimentamos algunas mutaciones de color con el miedo, la cólera, la vergüenza y otras pasiones que modifican el tinte de nuestro semblante, pero es por un efecto pasivo, como en el caso del camaleón. La ictericia puede ciertamente ponernos amarillos, pero no la disposición de nuestra voluntad. Ahora bien, estas acciones que reconocemos en los demás animales, más grandes que las nuestras, prueban que existe en ellos alguna facultad más excelente, que se nos oculta, como es verosímil que se nos oculten muchas otras de sus características y potencias, c | de las cuales ninguna apariencia llega hasta nosotros.