Los ensayos
Los ensayos Veamos algún ejemplo notable del efecto de su filosofía. Posidonio, viéndose aquejado por una enfermedad tan dolorosa que le hacía doblar los brazos y rechinar los dientes, creía dar higas al dolor gritándole: «Por más que hagas, no diré que eres un mal».[287] Siente los mismos dolores que mi lacayo, pero se ufana porque al menos contiene la lengua bajo las leyes de su escuela.[288] c | Re succumbere non oportebat uerbis gloriantem[289] [No debía gloriarse de palabra para sucumbir de hecho]. Arcesilao estaba enfermo de gota. Carnéades, que fue a visitarle, se volvía muy afligido; aquél le llamó de nuevo y, mostrándole los pies y el pecho, le dijo: «Nada ha llegado de ahí hasta aquí».[290] Éste tiene un poco de mejor voluntad, pues siente que padece un mal y querría librarse de él; pero su ánimo no está, pese a todo, abatido y debilitado por él. El otro se mantiene en una firmeza que, me temo, es más verbal que sustancial. Y Dionisio de Heraclea, afligido por un violento escozor en los ojos, se vio obligado a renunciar a las resoluciones estoicas.[291]