Los ensayos
Los ensayos a | Asà pues, de las tres escuelas generales de filosofÃa, dos hacen expresa profesión de duda e ignorancia; y, en la de los dogmáticos, que es la tercera, no cuesta mucho descubrir que la mayorÃa han adoptado la apariencia de la seguridad sólo para mejorar su aspecto. No han pensado tanto en afirmarnos certeza alguna cuanto en mostrarnos hasta dónde habÃan llegado en la caza de la verdad, c | quam docti fingunt magis quam norunt[398] [que los doctos imaginan más que conocen]. Cuando Timeo ha de instruir a Sócrates de sus conocimientos acerca de los dioses, del mundo y de los hombres, propone hablar de estos asuntos como entre hombres; y que baste con que sus razones sean tan probables como las razones de otro, pues las razones exactas no están en su mano, ni en mano mortal alguna.[399] Uno de sus seguidores le ha imitado asÃ: «Vt potero, explicabo: nec tamen, ut Pythius Apollo, certa ut sint et fixa, quae dixero; sed, ut homunculus, probabilia coniectura sequens»[400] [Lo explicaré como pueda; pero no, como Apolo Pitio, para decir cosas ciertas y firmes, sino como un hombrecillo que sigue lo probable por conjetura], y ello a propósito del tema del desprecio de la muerte, un asunto natural y popular. En otra parte lo ha traducido de las palabras mismas de Platón: «Si forte, de deorum natura ortuque mundi disserentes, minus id quod habemus animo consequimur, haud erit mirum. Aequum est enim meminisse et me, qui disseram, hominem esse, et uos qui iudicetis; ut, si probabilia dicentur, nihil ultra requiratis»[401] [Si al discurrir sobre la naturaleza de los dioses y la generación del mundo no llegamos tan lejos como nos proponemos, no será una sorpresa. Porque es justo recordar que tanto yo, que voy a hablar, como vosotros, que seréis los jueces, no somos más que hombres, de manera que si se dicen cosas probables, no reclaméis nada más].