Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes –. Tarde o temprano deberás hacerlo, pues Marilla es una mujer muy tozuda. Hazlo ahora y acaba de una vez.
- ¿Quiere decir que le pida disculpas a la señora Lynde?.
- SÃ, pedir disculpas, eso es – dijo vivamente Matthew –. Calmarla, por asà decirlo. Ahà es donde estaba tratando de llegar.
- Supongo que podrÃa hacerlo por usted – dijo Ana pensativamente –. SerÃa bastante cierto si dijera que lo siento, porque ahora lo siento. Anoche, no. Estaba completamente enfurecida, y lo estuve toda la noche. Lo sé porque me desperté tres veces y las tres 36
estaba furiosa. Pero esta mañana todo habÃa pasado. Ya no estaba enfadada. Me sentÃa terriblemente avergonzada de mà misma. Pero no podÃa pensar en ir a decÃrselo a la señora Lynde. SerÃa muy humillante. Me decidà a quedarme encerrada antes de hacerlo.
Pero por usted soy capaz de cualquier cosa, si es que lo quiere...
- Bueno, desde luego que sÃ. Estoy terriblemente solo abajo sin ti. Ve y trata de arreglarlo, como una buena chica.
- Muy bien – dijo Ana resignadamente –, tan pronto vuelva Marilla la diré que estoy arrepentida.
- Muy bien, Ana, pero no le digas que yo he venido. PodrÃa pensar que me estoy entrometiendo; y le prometà no hacerlo.