Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes conchas. Hemos acordado llamar al manantial que hay cerca del puente de troncos “La burbuja de la dríada”. ¿No es un nombre perfectamente elegante? Una vez leí algo sobre un manantial llamado así. Creo que una dríada es una especie de hada crecida.
- Bueno, espero que no agotes a Diana – dijo Marilla –. Pero recuerda esto cuando hagas tus planes, Ana: no vas a estar jugando todo el tiempo, ni siquiera la mayor parte de él.
Tienes trabajo que hacer y has de acabarlo primero.
La copa de la felicidad de Ana estaba llena y Matthew la hizo desbordar. Acababa de regresar de un viaje al almacén de Carmody y sacó tímidamente un paquete de su bolsillo para entregárselo, ante la mirada desaprobadora de Marilla.
- Supe que te gustan los caramelos de chocolate, así que te traje algunos.
- ¡Hum! – gruñó Marilla –. Echarás a perder sus dientes y su estómago. Vamos, vamos, criatura, no pongas esa cara. Puedes comértelos, ya que Matthew ha ido a buscarlos.
Debió traértelos de menta. Son más saludables. No te vayas a atragantar comiéndolos todos ahora.
- Oh, no – dijo Ana ansiosamente –. Esta noche no comeré más que uno, Marilla. ¿Puedo darle a Diana la mitad del paquete? El resto será doblemente dulce si lo hago. Es bello pensar que puedo darle algo.