Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Tendrás que aprender a resistir la fascinación de Idle... como sea que lo llames. Cuando te indico una hora para que regreses, es para que lo hagas a esa hora y no media hora después. Y tampoco tienes necesidad de detenerte a charlar con amables escuchas. En cuanto a la excursión, claro que puedes ir. Eres alumna de la Escuela Dominical y no estaría bien que te negara mi autorización siendo que van todas las otras niñas.
- Pero... pero – balbuceó Ana –. Diana dice que todos deben llevar una cesta con comida.
Yo no sé cocinar, Marilla, como usted sabe, y... y... no me importa ir a una excursión sin mangas abullonadas, pero me sentiría terriblemente humillada si tuviera que hacerlo sin una cesta. He estado pensando en ello desde que Diana me lo dijo.
- Bueno, no es necesario que lo pienses tanto. Yo prepararé una cesta.
- ¡Oh, mi querida y buena Marilla! ¡Oh, qué generosa es conmigo! ¡Oh, le estoy tan agradecida!.
Continuando con sus “oh”, Ana se arrojó a los brazos de Marilla y vehementemente besó su pálida mejilla. Era la primera vez que unos labios infantiles besaban voluntariamente la cara de Marilla. Nuevamente se sintió conmovida por esa repentina sensación de ternura.
Interiormente estaba muy contenta por el arranque de Ana, lo que probablemente dio motivo a que dijera bruscamente: