Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Bueno, bueno; basta ya de besos tontos. Tengo que ver que haces estrictamente lo que se te dice. Y en lo que se refiere a cocinar, un día de estos comenzaré a darte lecciones.
Pero tú eres tan distraída, Ana, que he estado esperando a ver si te calmas y te asientas un poco. Cuando cocines, tienes que poner todos tus sentidos y no detenerte en medio de lo que estás haciendo para dejar vagar tus pensamientos a través de toda la creación.
Ahora trae tus labores y ten hecho tu cuadrado para la hora del té.
- No me gusta remendar – dijo Ana tristemente sacando su costurero y sentándose con un suspiro frente a una pequeña pila de rombos rojos y blancos –. Supongo que algunos tipos de costura serán bonitos; pero no hay campo para la imaginación en el remiendo.