Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes No vas a la escuela para criticarlo. Creo que él puede enseñarte algo a ti. Y es tu obligación aprender. Y quiero que comprendas bien que no debes venir a casa contando cosas como ésas. Eso es algo que no puedo aceptar. Espero que hayas sido una buena niña.
- Claro que lo fui – dijo Ana, complacida –. Y tampoco me resultó tan difícil como se imaginaba. Me senté junto a Diana. Nuestro banco está al lado de la ventana y podemos ver el Lago de Aguas Refulgentes. Hay un montón de niñas en la escuela y jugamos magníficamente a la hora de comer. ¡Es tan hermoso tener un grupo de niñas con quienes jugar! Pero, por supuesto, Diana me gusta más que ninguna y siempre será así.
Adoro a Diana. Estoy muchísimo más atrasada que las otras. Todas están en el quinto texto y yo sólo en el cuarto. Me siento algo triste por esa razón; pero ninguna de ellas tiene tanta imaginación como yo, como pronto averigüé. Hoy tuvimos lectura, geografía, historia nacional y dictado. El señor Phillips dijo que mi ortografía es horrible y alzó mi pizarra llena de correcciones para que todo el mundo pudiera verla. Me sentí tan mortificada, Marilla; supongo que podría haber tenido mejores modos con una extraña.
Ruby Gillis me dio una manzana y Sophia Sloane me pasó una encantadora postal color rosa con “¿Puedo verte en casa?” escrito en ella. Tengo que devolvérsela mañana. Y