Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - ¿Gilbert Blythe? – dijo Ana –. ¿No es el nombre que está escrito en la pared del porche junto al de Julia Bell con un gran letrero que dice “Atención”?.
- Sí – respondió Diana sacudiendo la cabeza –, pero estoy segura que Julia no le gusta mucho. Le he oído decir a Gilbert que estudiaba la tabla de multiplicar con sus pecas.
- ¡Oh, no me hables a mí de pecas! – imploró Ana –. No es de buen tono teniendo yo tantas. Pero creo que escribir esas cosas en las paredes es lo más tonto del mundo. Me gustaría que alguien se atreviera a escribir mi nombre junto al de un muchacho. Desde luego – se apresuró a agregar – que nadie lo hará.
Ana suspiró. No quería que escribieran su nombre; pero resultaba algo humillante el saber que no había ningún peligro de que algo parecido ocurriera.
- Tonterías – dijo Diana, cuyos ojos negros y satinadas trenzas habían causado tales estragos en los corazones de los escolares de Avonlea que su nombre aparecía escrito en las paredes del porche una media docena de veces con el consabido “Atención” –. Sólo es una broma. Y no estés tan segura de que no escriban tu nombre. Charlie Sloane se muere por ti. Le ha dicho a su madre, ¿entiendes?, que eres la niña más inteligente de la escuela. Eso es mejor que ser bonita.