Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Lamento ver a una alumna mía mostrar ese carácter y tal espíritu de venganza – dijo en tono solemne, como si el hecho de ser alumno suyo desarraigara todas las malas pasiones del corazón de los pequeños e imperfectos mortales –. Ana, vaya frente al pizarrón por el resto de la tarde.
Ana hubiera preferido mucho más ser azotada a recibir este castigo, bajo el cual su sensible espíritu sufría más aún. Obedeció, con la cara blanca y el gesto adusto. El señor Phillips cogió una tiza y escribió en el pizarrón, sobre la cabeza de la niña: “Ana Shirley tiene muy mal carácter. Ana Shirley debe aprender a reprimirse”. Y lo dijo en voz alta de manera que hasta los más pequeños, que no sabían leer, lo comprendieran.
Ana estuvo toda la tarde de pie, con la leyenda sobre su cabeza. Ni lloró ni se doblegó.
Tenía el corazón tan lleno de rabia que la sostenía entre el dolor de su humillación. Con ojos llenos de resentimiento y mejillas enrojecidas, enfrentó por igual la consoladora mirada de Diana, los indignados movimientos de cabeza de Charlie Sloane y las maliciosas sonrisas de Josie Pye. En lo referente a Gilbert Blythe, ni siquiera lo miró. ¡Jamás lo volvería a mirar!
¡Nunca más le hablaría!.
Cuando terminó la clase, Ana salió con la cabeza muy alta. Gilbert trató de detenerla en la puerta.