Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Siento muchÃsimo haberme burlado de tu pelo, Ana – murmuró contrito –. De verdad.
No te enfades para siempre.
Ana siguió, desdeñosa, sin mirar o dar muestras de haber oÃdo.
- ¿Cómo pudiste hacerlo, Ana? – dijo Diana mientras volvÃan por el camino, mitad con reproche, mitad con admiración. Diana tenÃa la sensación de que ella no hubiera podido resistir el ruego de Gilbert.
- Nunca perdonaré a Gilbert Blythe – dijo Ana firmemente –. Y el señor Phillips deletreó mal mi nombre. Diana, el hierro ha entrado en mi alma.
Diana no tenÃa la menor idea de qué querÃa decir su compañera, pero comprendió que tenÃa que ser algo terrible.
- No debe importarte que Gilbert se burle de tu pelo – dijo conciliadora –. Él se burla de todas. Se rÃe del mÃo porque es muy negro. Me ha llamado cuervo una docena de veces y, además, nunca le he oÃdo disculparse por nada.
- Hay mucha diferencia entre ser llamada cuervo y zanahoria – dijo Ana con dignidad –.
Gilbert Blythe ha herido vivÃsimamente mis sentimientos.