Ana de las Tejas Verdes

- Bueno, Ana Shirley – dijo Marilla cuando pudo hablar –, ya que te gusta preocuparte, por lo menos trata de que sea algo útil. No se puede negar que tienes imaginación, hija mía.

CAPÍTULO DIECISÉIS

Diana es invitada a tomar el té con trágicos resultados

Octubre fue un mes hermoso en “Tejas Verdes” donde los abedules de la hondonada se tornaron tan dorados como el sol y los arces del huerto se cubrieron de un magnífico escarlata; los cerezos silvestres del sendero vistieron sus más hermosos tonos rojo oscuro y verde broncíneo, mientras en los campos comenzó la siega.

Ana soñaba en aquel mundo de colores.

- Oh, Marilla – exclamó un sábado por la mañana, al llegar con los brazos llenos de preciosas ramas –, estoy tan contenta de vivir en un mundo donde hay octubres. Sería terrible que tuviéramos que pasar de septiembre a noviembre, ¿no es así? Mire esas ramas de arce. ¿No la hacen estremecer? Voy a decorar mi habitación con ellas.

- Son molestas – dijo Marilla, cuyo sentido estético no estaba muy desarrollado –. Llenas la habitación con demasiadas cosas campestres, Ana, los dormitorios se han hecho nada más que para dormir.

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