Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes De César el ostentoso ataque al busto de Bruto
El amor de Roma por él sólo consiguió aumentar,
así la ausencia absoluta de alguna señal de reconocimiento por parte de Diana, que estaba sentada junto a Gertie Pye, oscurecía el pequeño triunfo de Ana.
- Creo que Diana podría haberme sonreído siquiera una vez – se lamentó ante Marilla.
Pero a la mañana siguiente le pasaron una nota doblada y arrugada, y un paquetito.
“Querida Ana – decía la primera –, mamá dice que no tengo que jugar ni hablar contigo, ni aun en el colegio. No es culpa mía y te ruego que no te enfades conmigo, porque te quiero como de costumbre. Te extraño terriblemente para contarte todos mis secretos y Gertie Pye no me gusta ni un poquito. He hecho para ti un señalador nuevo de papel de seda rojo. Ahora están muy de moda y sólo tres niñas de la escuela saben hacerlo. Cuando lo mires recuerda a tu amiga de verdad, Diana Barry.”
Ana leyó la nota, besó el señalador y rápidamente mandó su respuesta al otro lado del aula.
“Por supuesto que no estoy enfadada contigo porque tienes que obedecer a tu madre.
Nuestros espíritus pueden comunicarse. Guardaré tu ermoso regalo por siempre jamás.