Ana de las Tejas Verdes

Ana de las Tejas Verdes

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porque alguien será el primero de la clase y es difícil reconquistar lo perdido, aunque cuanto más difícil es, más satisfacción se tiene al reconquistarlo, ¿no es cierto?.

- Bueno, supongo que te las arreglarás muy bien – dijo Matthew, mirando la blanca cara con grandes orejas –. Vete directamente a la cama y duerme bien, que yo haré las tareas de la casa.

Ana fue a acostarse y durmió tan profundamente, que cuando despertó y descendió a la cocina era bien entrada la rosada tarde de invierno. Marilla, que en el ínterin volviera a casa, estaba allí tejiendo.

- Oh, ¿ha visto al primer ministro? – exclamó Ana en seguida –. ¿Cómo era?.

- Bueno, no llegó a ese puesto por su apariencia – dijo Marilla –. ¡Con una nariz como la suya! Pero sabe hablar. Me sentí orgullosa de ser conservadora. Rachel Lynde, como es liberal, desde luego que no lo apreció. Tienes el almuerzo en el horno, Ana, y te puedes servir ciruelas en almíbar. Sospecho que debes tener hambre. Matthew me ha estado contando lo de anoche. Te digo que fue una suerte que supieras qué hacer. Ni siquiera yo lo hubiera sabido, pues nunca vi un caso de garrotillo. Bueno, no hables hasta después de almorzar. Por tu aspecto puedo decir que te mueres por hablar, pero puedes esperar.


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