Ana de las Tejas Verdes

Ana de las Tejas Verdes

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Prissy Andrews va a recitar “El toque de queda no debe sonar esta noche”. Es una poesía tan edificante, Marilla; estoy segura de que me hará muchísimo bien oírla. Y el coro va a cantar cuatro patéticas y maravillosas canciones que son casi tan buenas como himnos. Y, oh Marilla, el Pastor va a tomar parte; sí, no hay duda de que va a pronunciar un discurso. Será algo así como un sermón. Por favor, Marilla, ¿puedo ir?.

- Ya me has oído, Ana. Ahora quítate las botas y ve a acostarte. Son más de las ocho.

- Sólo una cosa más, Marilla – dijo Ana con aire de estar jugándose la última carta –. La señora Barry le dijo a Diana que podríamos dormir en el lecho del cuarto de huéspedes.

Piense en el honor que significa para su pequeña Ana el ser alojada en el cuarto de huéspedes.

- Pues tendrás que pasar sin ese honor. Vete a la cama, Ana, y que no vuelva a oírte decir una palabra más.

Cuando Ana hubo subido tristemente con la cara llena de lágrimas, Matthew, que en apariencia había estado profundamente dormido en el sofá durante todo el diálogo, abrió los ojos y dijo con decisión:

- Bueno, Marilla, creo que debías dejarla ir.

- No – respondió Marilla –. ¿Quién la está criando, Matthew, tú o yo?.

- Bueno, tú – admitió Matthew.


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