Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Oh, Marilla, Marilla, diga otra vez esas benditas palabras.
- Creo que con decirlas una vez es suficiente. Es asunto de Matthew y yo me lavo las manos. Si coges una pulmonÃa por dormir en una cama extraña o por salir de un salón caluroso en medio de la noche, no me culpes; culpa a Matthew. Ana Shirley, estás dejando caer agua grasienta sobre el piso. Nunca he visto una niña más descuidada.
- Oh, sé que soy una molestia terrible para usted, Marilla – dijo Ana, arrepentida –.
Cometo muchos errores. Pero piense sólo en las muchas equivocaciones que no hago, aunque podrÃa. Buscaré un poco de arena y fregaré las manchas antes de ir a la escuela.
Oh, Marilla, mi corazón está pendiente de ese festival. Nunca fui a ninguno, y cuando las chicas hablan de festivales en el colegio, me siento tan fuera de lugar... Usted no sabe cómo me siento, pero ya ha visto que Matthew sÃ. Matthew me comprende, y es tan bonito ser comprendida, Marilla.