Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes Después de las flores de mayo llegaron las violetas y cubrieron el Valle de las Violetas. Ana lo atravesó camino del colegio con paso reverente y ojos extasiados, como si pisara suelo sagrado.
- Por alguna razón – dijo a Diana –, cuando cruzo por allí, no me importa si Gil... si alguien me supera en clase o no. Pero cuando estoy en el colegio, todo cambia y me preocupo como siempre. Hay un montón de Anas distintas dentro de mí. Algunas veces pienso que ésa es la razón de que yo sea una persona tan cargante. Si fuera siempre una sola Ana, sería mucho más cómodo, pero también muchísimo menos interesante.
Una tarde de junio, cuando los manzanos estaban otra vez en flor, cuando las ranas cantaban en los pantanos de las márgenes del Lago de las Aguas Refulgentes y el aire estaba lleno del perfume de los campos de tréboles y balsámicos bosques de abetos, Ana se hallaba sentada junto a la ventana de su habitación. Había estado estudiando, pero se hizo demasiado oscuro para ver el libro, de manera que cayó en un ensueño, mirando más allá de la Reina de las Nieves, una vez más cubierta de flores.