Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes Hay dos arces en ella y el arroyo la rodea. Por fin pensé que sería espléndido llamarla isla Victoria, porque la encontramos el día del cumpleaños de la reina. Diana y yo somos muy leales a la soberana. Pero siento mucho lo del pastel y los pañuelos. Quería que fuera un día muy bueno porque es un aniversario. ¿Recuerda lo que ocurrió hace un año, Marilla?.
- No, no puedo pensar en nada especial.
- Oh, Marilla, fue el día que llegué a “Tejas Verdes”. Jamás lo olvidaré. Fue un punto crucial en mi vida. Claro que a usted no le parecerá tan importante. Hace un año que estoy aquí y he sido muy feliz. Desde luego, he tenido mis dificultades. ¿Lamenta usted haberse quedado conmigo, Marilla?.
- No, no puedo decir que lo lamente – dijo Marilla, que algunas veces pensaba cómo había podido vivir antes de que Ana llegara a “Tejas Verdes” –; no, no lo lamento. Si has terminado de estudiar, Ana, quisiera que fueras a casa de la señora Barry a pedirle que te prestara el patrón de los delantales.
- Oh, está... está demasiado oscuro.
- ¿Demasiado oscuro? Pero si acaba de ponerse el sol. Muchas veces has ido después de anochecido.
- Iré por la mañana temprano – dijo Ana ansiosamente –. Me levantaré al salir el sol y correré allí, Marilla.