Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes Me gusta que hayan llamado al señor Allan. Me agradó porque su sermón fue interesante y porque rezaba como si lo sintiera y no simplemente como si lo hiciera por costumbre. La señora Lynde dice que no es perfecto, pero dice también que no podemos esperar un ministro perfecto por setecientos cincuenta dólares al año y que, de todas maneras, su teología es segura, porque le interrogó cuidadosamente en todos los puntos doctrinales. Además, conoce a la familia de su mujer que es muy respetable; todas las mujeres son buenas amas de casa. La señora Lynde dice que una buena doctrina en el hombre y un buen cuidado del hogar en la mujer son una combinación ideal para la familia de un ministro.
El nuevo ministro y su esposa eran una pareja joven, de aspecto feliz, todavía en luna de miel y embargados de hermoso entusiasmo por la tarea de su vida. Avonlea les abrió el corazón desde el comienzo. Viejos y jóvenes apreciaron al franco y alegre joven de altos ideales y a la brillante y gentil dama que asumiera el gobierno de la rectoría. Ana quiso de todo corazón a la señora Allan. Había descubierto otro espíritu gemelo.