Ana de las Tejas Verdes

Ana de las Tejas Verdes

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- No, no estoy muerta, pero creo que estoy inconsciente.

- ¿Dónde te duele? – sollozó Carrie Sloane –, ¿dónde, Ana?.

Antes de que Ana pudiera responder, apareció en escena la señora Barry. Al verla, Ana trató de ponerse de pie, pero volvió a caer con un pequeño grito de dolor.

- ¿Qué sucede? ¿Dónde te has lastimado? – inquirió la señora Barry.

- Mi tobillo – murmuró Ana –. Oh, Diana, por favor, busca a tu padre y pídele que me lleve a casa. Sé que no puedo caminar y estoy segura que no podría llegar tan lejos a la pata coja, cuando Jane no pudo dar la vuelta al jardín.

Marilla se encontraba en la huerta recogiendo manzanas de verano cuando vio al señor Barry que venía cruzando el puente y subiendo la colina junto con la señora Barry y toda una procesión de chiquillas arrastrándose detrás de él. En sus brazos traía a Ana, que llevaba la cabeza recostada sobre su hombro.

En aquel momento Marilla tuvo una revelación. El repentino pánico que se apoderó de ella le reveló cuánto había llegado a significar para ella Ana. Hubiera admitido que le gustaba, más aún, que le tenía mucho afecto. Pero mientras corría supo que esa niña era lo que más quería en el mundo.


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