Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Señor Barry, ¿qué le ha sucedido? – murmuró más pálida y temblorosa de lo que nunca habÃa estado la reservada y sensata Marilla.
La misma Ana contestó alzando la cabeza.
- No se asuste, Marilla. Estaba caminando por el tejado y me caÃ. Me parece que me he torcido el tobillo. Pero me podrÃa haber roto el cuello, Marilla. Miremos las cosas por el lado bueno.
- TendrÃa que haber sabido que harÃas algo por el estilo cuando te dejé ir a esa fiesta – dijo Marilla, brusca y cortante en medio de su alivio –. Tráigala aquÃ, señor Barry, y acuéstela en el sillón. ¡Dios mÃo, la niña se ha desmayado!.
Era verdad. Vencida por el dolor, Ana vio cumplido otro de sus deseos: se desmayó.
Matthew, a quien se mandó buscar rápidamente al campo de cultivo, fue directamente a buscar al médico, quien llegó a su debido tiempo para descubrir que el mal de Ana era más serio de lo que habÃan supuesto. El tobillo estaba roto.
Aquella noche, cuando Marilla subió a la buhardilla, donde yacÃa una niña de rostro muy blanco, una quejumbrosa voz le llegó desde el lecho.
- ¿Está muy apenada por mÃ, Marilla?.
- Fue culpa tuya – dijo Marilla bajando la persiana nerviosamente y encendiendo una lámpara.