Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Allà hay un barril – dijo la señorita Harris al tiempo que sacudÃa sus pulseras –. Es la única clase que tenemos.
- QuerrÃa... querrÃa veinte libras – dijo Matthew con la frente cubierta de sudor.
Matthew habÃa recorrido ya medio camino de vuelta antes que terminara de recobrarse.
HabÃa sido una horrible experiencia, pero se lo tenÃa bien merecido por cometer la herejÃa de ir a una tienda extraña. Cuando llegó a su casa escondió el rastrillo en el cobertizo de las herramientas, pero el azúcar se lo llevó a Marilla.
- ¡Azucar moreno! – exclamó Marilla –. ¿Cómo te dio por comprar tanto? Sabes que sólo lo uso para el potaje del peón o para mi tarta negra de frutas. Jerry se ha ido y ya hace mucho que hice la tarta. De cualquier modo no es buen azúcar, es grueso y oscuro.
William Blair no tiene generalmente azúcar como éste.
- Yo... pensé que podÃa servir para algo – dijo Matthew saliéndose por la tangente.