Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Creo que hay uno o dos guardados, pero están arriba en el cuarto de los trastos. Iré a ver.
Durante la ausencia de la joven, Matthew reunió toda su energía para hacer un nuevo esfuerzo.
Cuando la señorita Harris regresó con el rastrillo y preguntó alegremente: “¿Algo más por hoy, señor Cuthbert?”, Matthew reunió todo su valor y replicó:
- Bueno, ya que usted lo sugiere, podía llevar... eso es... mirar algún... comprar... algunas simientes.
La señorita Harris había oído llamar “extraño” al señor Cuthbert. En aquel momento llegó a la conclusión de que estaba completamente loco.
- Sólo tenemos simientes en primavera – explicó altivamente –. No tenemos nada a mano ahora.
- Oh, cierto, cierto... tiene usted razón – balbuceó el infeliz Matthew cogiendo el rastrillo y dirigiéndose hacia la puerta. Al llegar al umbral recordó que no lo había pagado y se volvió miserablemente. Mientras la señorita Harris estaba contando la vuelta, reunió sus fuerzas para hacer un último y desesperado intento.
- Bueno... si no es mucha molestia... quería... eso es... quería ver... un poco de azucar.
- ¿Blanco o moreno? – inquirió la señorita Harris pacientemente.
- Oh... bueno... moreno – dijo Matthew débilmente.