Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes Pero el invierno pasaba rápido, feliz y lleno de ocupaciones. El trabajo en la escuela era muy interesante; la competencia, tan absorbente como en otros tiempos. Nuevos mundos de pensamientos, sentimientos y ambiciones; frescos y fascinantes campos de conocimientos ignorados parecían abrirse ante los ávidos ojos de Ana.
como colinas asomando tras la colina
y Alpes alzándose sobre los Alpes.
El éxito se debía al tacto, cuidado y tolerante guía de la señorita Stacy. Hacía que sus alumnos pensaran, exploraran y descubrieran por sí mismos, fomentaba que se apartaran de senderos trillados hasta un punto que sorprendía por completo a la señora Lynde y a los síndicos de la escuela, quienes miraban de reojo todo lo que se apartara de los viejos métodos establecidos.
Aparte de sus estudios, Ana tuvo mayor vida social, pues Marilla, obsesionada por la advertencia del médico de Spencervale, no se opuso más a las salidas que se presentaban ocasionalmente. El Club de Debate prosperó y celebró varios festivales; hubo una o dos fiestas que casi llegaron a ser grandes acontecimientos, y paseos en trineo y patinaje.
Mientras tanto, Ana crecía tan rápidamente que Marilla se sorprendió un día que estaban de pie una junto a la otra al descubrir que la jovencita era más alta que ella.