Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes ¡Oh, qué alivio era encontrarse otra vez fuera en medio de la pureza y el silencio de la noche! ¡Qué grandioso y maravilloso estaba todo, con el murmullo del mar y las oscuras escolleras que como formidables gigantes guardaban las costas!.
- ¿No ha sido todo espléndido? – suspiró Jane cuando volvÃan –. Me gustarÃa ser una rica americana y poder pasar los veranos en un hotel, usar joyas y vestidos escotados y comer todos los dÃas sorbetes y ensalada de pollo. Estoy seguro de que eso serÃa mucho más divertido que enseñar en una escuela. Ana, tu declamación fue simplemente grandiosa, aunque al principio me pareció que nunca ibas a comenzar. Creo que estuviste mejor que la señora Evans.
- Oh, no, no digas esas cosas, Jane – dijo Ana rápidamente –, porque son tonterÃas. No pude haber estado mejor que la señora Evans; bien sabes que es una profesional y yo sólo soy una colegiala con un poco de arte para recitar. Me doy por satisfecha con haber gustado a todos.
- Tengo un cumplido para ti, Ana – dijo Diana –. Por lo menos creo que debió ser un cumplido por el tono en que me lo dijeron. De cualquier modo, parte de él lo fue. HabÃa un americano sentado detrás, de apariencia muy romántica y ojos y cabellos negros.