Ana de las Tejas Verdes

Ana de las Tejas Verdes

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

ocho... ¡para qué contarlas! Ya son un torrente. No puedo alegrarme... No quiero alegrarme. ¡Es más bello estar triste!.

El torrente de lágrimas hubiera seguido, sin duda, si en aquel momento no hubiera aparecido Josie Pye. En la alegría de ver una cara familiar, Ana olvidó el poco amor que le tuviera a Josie. Como parte de la vida en Avonlea, hasta una Pye era bienvenida.

- ¡Estoy tan contenta de que hayas venido! – dijo Ana.

- Has estado llorando – dijo Josie, con agravante piedad –. Supongo que sientes nostalgia; algunos tienen muy poco autocontrol a ese respecto. Yo no tengo intención de sentir nostalgia. ¡La ciudad es tan hermosa después de la vulgar Avonlea! Pienso cómo he podido vivir allí tanto tiempo. No deberías llorar, Ana; no hace bien al cutis y los ojos y la nariz se te enrojecen. He tenido un día magnífico en la Academia. Nuestro profesor de francés es un perfecto pato. Su bigote te daría risa. ¿No tienes algo comestible, Ana?

Me estoy muriendo de hambre. Ah, sospeché que Marilla te cargaría con una tarta. Por eso vine. De otro modo hubiera ido al parque a oír tocar a la banda con Frank Stockley.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker