Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes Marilla se sentó junto a la ventana y miró a Ana. A pesar de la prohibición, había lágrimas en sus ojos y dijo a Ana con voz quebrada:
- Supo que quería vender “Tejas Verdes” y quiere comprarla.
- ¡Comprarla! ¿Comprar “Tejas Verdes”? – Ana pensó que había oído mal –. Oh, Marilla, ¿no pensará vender “Tejas Verdes”?.
- Ana, no sé qué otra cosa puede hacerse. Lo he pensado mucho. Si mis ojos estuvieran fuertes, podría quedarme y administrarla con un buen empleado. Pero como estoy, no puedo. Quizá pierda la vista del todo y quede inútil para administrarla. Oh, nunca pensé que vería el día en que tendría que vender mi casa. Pero las cosas irán de mal en peor, hasta que llegará el momento en que nadie querrá comprarla. La quiebra del banco se llevó todo nuestro dinero y deben pagarse algunos pagarés que firmó Matthew el otoño pasado. La señora Lynde me aconseja que venda la granja y me hospede en cualquier parte; supongo que con ella. No se obtendrá mucho; es pequeña y los edificios viejos.
Pero será suficiente como para vivir. Me alegro de que poseas esa beca, Ana. Lamento que no tengas un hogar donde pasar las vacaciones, pero supongo que te arreglarás.
Marilla cedió y se echó a llorar amargamente.