Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - No debe vender âTejas Verdesâ â dijo Ana resueltamente.
- Oh, Ana, quisiera no tener que hacerlo. Pero tĂș misma puedes verlo. No puedo quedarme aquĂ sola. EnloquecerĂa de dolor y soledad. Y mi vista desaparecerĂa; lo sĂ©.
- No tendrå que quedarse aquà sola, Marilla. Yo estaré con usted. No voy a Redmond.
- ÂĄQue no vas a Redmond! â Marilla alzĂł su arrugada cara de entre sus manos y contemplĂł a Ana â. ÂżQuĂ© quieres decir?.
- Lo que oye. No voy a aceptar la beca. Lo decidĂ la noche despuĂ©s de que usted regresĂł de la ciudad. Seguramente que no irĂĄ a pensar que la dejarĂ© sola en su dolor, Marilla, despuĂ©s de todo cuanto ha hecho por mĂ. He estado pensando y trazando planes.
DĂ©jeme que le cuente mis proyectos. El señor Barry quiere arrendarnos la granja el año prĂłximo, de manera que no tendrĂĄ que preocuparse por ese lado. Yo enseñarĂ©. He solicitado el colegio local, pero no sĂ© si lo obtendrĂ©, pues tengo entendido que los sĂndicos se lo han prometido a Gilbert Blythe. Pero puedo tener la escuela de Carmody.