Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes El señor Blair me lo dijo anoche. Desde luego, no será tan conveniente como enseñar en Avonlea. Pero me puedo quedar a vivir aquí y desplazarme todos los días hasta Carmody, por lo menos durante el buen tiempo. Hasta en invierno puedo venir a casa los viernes. Guardaremos un caballo para eso. Oh, lo tengo todo planeado, Marilla. Y le leeré y la mantendré alegre. No se sentirá ni triste ni sola. Y seremos felices juntas, usted y yo.
Marilla había escuchado como en sueños.
- Oh, Ana, sé que me las podría arreglar muy bien si tú estuvieras aquí, pero no puedo dejar que te sacrifiques por mí. Sería terrible.
- ¡Tonterías! – Ana rió alegremente –. No hay sacrificio. Nada sería peor que dejar
“Tejas Verdes”; nada podría herirme más. Debemos guardar este viejo y querido lugar.
Ya estoy decidida, Marilla. No voy a Redmond y sí voy a quedarme aquí a enseñar. No se preocupe lo más mínimo por mí.
- Pero tus ambiciones y...
- Tengo tantas ambiciones como siempre. Lo único que ha cambiado es el objeto de ellas.
Seré una buena maestra y salvaré su vista. Además, tengo pensado estudiar en casa y tomar un pequeño curso. Oh, tengo docenas de planes, Marilla. Los he estado pensando durante una semana. Daré lo mejor de mi vida y la vida me devolverá lo mejor de ella.