Ana de las Tejas Verdes

Ana de las Tejas Verdes

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando Marilla se hubo retirado, Ana miró pensativamente en derredor. Las paredes blanqueadas resultaban tan penosamente desnudas y llamativas que Ana pensó que debían sufrir por su propia desnudez. El suelo también se encontraba desnudo, excepto el centro, cubierto por un felpudo redondo acordonado. En un rincón estaba el lecho, alto y antiguo, con cuatro oscuros postes torneados. En la otra esquina se hallaba la ya citada mesa triangular adornada con un grueso acerico de terciopelo rojo, lo suficientemente fuerte como para doblar la punta del más arriesgado alfiler. Sobre éste colgaba un pequeño espejo. A mitad de camino entre la cama y la mesa se hallaba la ventana, cubierta con una cortina de muselina blanca, y frente a ella se encontraba el lavabo. Toda la habitación era de una austeridad imposible de describir con palabras, pero que hacía estremecer a Ana hasta los huesos. Con un sollozo se despojó apresuradamente de sus vestidos, se puso el corto camisón y se metió en el lecho apretando la cara contra la almohada y cubriéndose la cabeza con las sábanas. Cuando Marilla regresó en busca de la luz, sólo unas mezquinas ropas de vestir desparramadas por el suelo y un bulto en el lecho indicaban que había alguien en el cuarto.

Con circunspección recogió las ropas de Ana, colocándolas cuidadosamente sobre una silla amarilla, y luego, cogiendo la vela, se volvió hacia el lecho.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker