Ana de las Tejas Verdes

Ana de las Tejas Verdes

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- Esta mañana tengo bastante hambre – anunció mientras se sentaba en la silla que le destinara Marilla –. El mundo no parece una cosa terrible como anoche. Estoy muy contenta de que sea una mañana de sol. Pero también me gustan las mañanas lluviosas.

Toda clase de mañanas son interesantes, ¿no creen? No se sabe qué ocurrirá durante el día y hay un gran campo para la imaginación. Pero me alegro de que hoy no sea lluvioso porque será más fácil estar alegre y resistir la tristeza con un día de sol. Siento que tendré que resistir mucho. Es muy fácil eso de leer sobre dolores e imaginarse viviéndolos heroicamente, pero no es tan sencillo cuando son realidad, ¿no les parece?.

- Cierra la boca, por el amor de Dios – dijo Marilla –; hablas demasiado para una niña.

Desde ese instante, Ana fue tan obediente y quedó tan silenciosa, que su mudez puso nerviosa a Marilla, como si se hallase en presencia de algo no natural.

Matthew tampoco hablaba, pero eso por lo menos era natural; de manera que el desayuno fue muy silencioso.


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