Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes “Viví allí durante dos años, y entonces murió el señor Hammond y la señora vendió la casa. Distribuyó sus hijos entre parientes, y se fue a los Estados Unidos. Yo tuve que ir al asilo porque nadie me quiso. Tampoco me querían en el asilo; decían que tenían ya muchos niños, y así era. Pero tuvieron que aceptarme y estuve cuatro meses, hasta que llegó la señora Spencer.
Ana terminó con otro suspiro, esta vez de alivio. Evidentemente no le gustaba hablar de sus experiencias en un mundo que le había sido tan hostil.
- ¿Has ido a la escuela? – preguntó Marilla, dirigiendo la yegua alazana hacia el camino de la costa.
- No mucho. Fui un poco durante el último año que estuve con la señora Thomas.
Cuando remonté el río estábamos tan lejos de una escuela que no podía caminar hasta ella en invierno, y en verano había vacaciones, de manera que sólo podía ir en primavera y otoño. Pero, por supuesto, fui mientras estuve en el asilo. Puedo leer bastante bien y sé algunas poesías de memoria: “La Batalla de Hohelinde” y “Edimburgo después de Flodden”, y “Bingen en el Rin”, y muchos de “La Dama del Lago” y más de “Las Estaciones” de James Thompson. ¿No ama usted la poesía, la poesía que le hace correr un estremecimiento por la espalda? Hay una parte en el quinto libro de lectura: “El 21